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El Sistema Inmune: Tu Máxima Defensa

Lo tienes, es parte de ti y te respalda como nadie: Tu sistema inmunológico. Te protege de cosas que te molestan (como un resfriado), cosas que quieren perjudicarte (como la picadura de una abeja) y cosas que podrían matarte (como el cáncer). O, por lo menos, intenta. Pero, qué tan bien conoces a tu sistema inmunológico?

Vamos a ver.

Completa la siguiente frase: “Mi sistema inmunológico se ve afectado por _______.”

A. Los microbios

B. La alimentación

C. El ejercicio

D. Mi jefe

E. Todas las anteriores

F. A, B y C, pero no D

G. A es lo mismo que D

Mientras que tu jefe podría muy bien ser un microbio, la respuesta es E. Cosas como las bacterias, los virus, los tipos y cantidades de alimentos que comes, el ejercicio o falta de este, y el estrés (provocado por el pesado microbio de jefe que tienes y quien te pide todos esos informes inutiles), todo esto afecta la condición de tu sistema inmunológico. La buena noticia para tí es que, en su mayor parte, estas cosas están bajo tu control.

El conocimiento es poder, así que vamos a explorar el fascinante mundo de nuestras defensas naturales. Cuando decimos “defensas” literalmente estamos hablando de los chicos encargados de defenderte de las cosas malas. Hay tres defensas en tu cuerpo. La primera es tu piel. Tu piel, junto con las membranas mucosas y las secreciones de ambos, actúan como la barrera externa que te protege de los microbios invasores. Si de alguna manera ellos lograran pasar esta primera línea de defensa (tal vez si te haces un pequeño corte, por donde pueden pasar y entrar) el segundo mecanismo de defensa se activa. Esta segunda línea de defensa está compuesta por células fagocíticas que literalmente ingieren los organismos invasores, así como las proteínas antimicrobianas, las cuales se puede decir que estan “en acción” cuando  vemos (o sentimos ) alguna inflamación.

Tanto la primera como la segunda línea son los mecanismos de defensa ‘no específicos’, lo que significa que no distinguen entre uno u otro invasor. Aquí es donde la tercera línea de defensa es muy diferente e increíblemente especial: Esta recuerda quien trató de atacarte anteriormente, de modo que puede planear estrategias y enviar tropas especialmente equipadas para manejar al enemigo con fuerza mayor y más completa. La tercera línea de defensa es como Operaciones Especiales, el FBI, la CIA de tu cuerpo: la protección, junto con la inteligencia. Se trata de un mecanismo de defensa específico compuesto por linfocitos y anticuerpos, y es a lo que más comúnmente nos refierimos al decir, “El sistema inmunológico”.

Los linfocitos son un tipo de glóbulo blanco (hay cinco tipos) y ellos son las células clave del sistema inmune. Hay dos tipos principales de linfocitos: células B y células T. Estos llevan el nombre de los dos lugares donde los linfocitos se desarrollan: las células B crecen en la médula ósea (‘bone marrow’, en Inglés), mientras que las células T crecen en la glándula timo. Aparte de estas dos áreas del cuerpo donde este tipo de células se desarrollan, el sistema linfático (la red de tráfico para los linfocitos) tiene puntos especiales en donde los linfocitos pasan el rato. Estos son los órganos donde las moléculas “extranjeras” (que no pertenecen a tu cuerpo) se atrapan, y ellos incluyen el bazo, los ganglios linfáticos, el apéndice, las amígdalas, un área del intestino delgado llamada la placa de Peyer, y un grupo de tejido en la parte posterior de la nariz llamada las adenoides. A medida que los linfocitos maduran, también desarrollan la capacidad de diferenciar, no sólo entre distintas sustancias extrañas, sino también entre las sustancias extrañas y las bacterias/microbios que pertenecen a tu propio cuerpo. Sería desastroso si nuestro sistema inmune pudiera destruir cosas que naturalmente pertenecen a nuestro cuerpo, como podemos ver en el caso de las enfermedades de inmunodeficiencia como el lupus o la esclerosis múltiple. Debido a esto, la respuesta inmune es altamente específica y regulada.

Así que, ¿cómo podemos mantener un sistema inmunológico saludable? Una función inmune saludable  depende tanto del sistema endocrino como del sistema nervioso. El estrés físico y emocional puede afectar la inmunidad: Las hormonas secretadas por las glándulas suprarrenales durante la lucha o la respuesta al estrés afecta al número de las células blancas de la sangre y también puede inhibir el sistema inmune de otras maneras. Los neurotransmisores secretados cuando estamos de buen humor o en un estado de relajación se ha encontrado que tambien afectan la inmunidad. Esto significa que una buena salud en general y el estado de ánimo afectan a la inmunidad. El ejercicio regular, la risa, una alimentación saludable – todos esto mejora la función neurológica (granos enteros y vegetales de hojas verdes apoyan al sistema nervioso) y evita los productos químicos tóxicos (azúcar, alcohol, antinatural y alimentos excesivamente elaborados o procesados). Asegurate de mantener una higiene general, lo que incluye una desintoxicación regular  de la mente/organismo/medio ambiente, para evitar la acumulación de cualquier tipo, y haz un esfuerzo por incluir a personas, lugares y actividades que te hagan feliz y te  relajen (meditación, amigos positivos, lugares como la playa, donde se reúnen los iones que nos calman) son excelentes maneras de ayudar a estimular tu sistema inmunológico y lo mantienen en buena forma para que pueda hacer su trabajo de protegerte. Cuida de él, y él  te cuidará a  ti.

Y si tu jefe – o cualquier otra persona que no seas tú – está haciendo tu vida miserable, tienes dos opciones: adaptarte o irte. Permanecer en un entorno en el cual se pone en riesgo la salud por subyugarse a una presión indebida, o a un abuso, o incluso simplemente a una falta básica de disfrute, es encaminarese a un mal funcionamiento del sistema inmunológico, que incluye una invitación abierta a las enfermedades de todo tipo. Asume la responsabilidad de tu salud cuidando de tu sistema inmune, lo cual implica estar en un hogar y en un ambiente de trabajo que apoyen lo que tú eres, y donde tus contribuciones son apreciadas.

Una nota final sobre los alimentos: La chlorella es un alga que se ha encontrado ayuda a la multiplicar las células T en nuestro cuerpo, lo que significa que directamente estimula el sistema inmunológico mediante la adición de más soldados a las fuerzas. ¡Qué impresionante es eso! Puedes encontrar más información sobre esta maravillosa alga en nuestro artículo HFood: Chlorella. Asimismo, la equinácea (foto arriba) es otra planta que se usa para ayudar al sistema inmune, y se le conoce como activadora de las células T y la respuesta inmune.

Traducido por Mery Paz

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One Response to “El Sistema Inmune: Tu Máxima Defensa”

  1. [...] Investigadores de la Universidad de Tufts han encontrado que los antioxidantes pueden rejuvenecer el sistema inmunológico, mientras que otros estudios sugieren que se relacionan con la prevención, e incluso la reversión [...]

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